De nuevo, quisiera agradecer al dueño del blog por haberme invitado a participar en su redacción.
El ocio... y el negocio
¡Dichosa aquella ciudad que dispone de no uno, sino dos parques de atracciones! ¿Verdad?
...¿verdad?
Bien, digamos que, desde la perspectiva del ánimo de lucro, no -- sobretodo si uno tiene intereses comerciales manifiestos en hacerse con uno de los dos parques, en cual caso el otro pasaría a convertirse en competidor. Y supongamos que no sólo tiene uno la intención de comprar uno de los dos parques -- que está al borde de la quiebra -- sino que también tiene la potestad de renovar, o no, la concesión de los terrenos del futuro parque rival, eliminando, de paso, a la competición.
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| Vista del antiguo parque del Montjuïc |
Desde la perspectiva del negocio, se trata de una maniobra audaz, y, desde la perspectiva de un buitre capitalista, genial; pero si tenemos en cuenta que la maniobra fue llevada a cabo por el ayuntamiento de Barcelona, el asunto adopta tonos perversos.
Pues, efectivamente, ¿cuál es el deber de un ayuntamiento? ¿Garantizar opciones de ocio a los ciudadanos, o lucrarse, aún a costa de reducir dicha oferta? A continuación les revelaré mis hipótesis respecto a la pugna que opuso el ocio al negocio...
I - Historia de dos parques
Todo aquél que haya tenido uso de razón, en Barcelona, antes del año 1998, recordará que en nuestra ciudad habían dos parques: el clásico parque del Tibidabo, y el más reciente parque del Montjuïc. Ambos eran de carácter marcadamente diferente. El parque del Tibidabo, notable por su antigüedad, era de corte más familiar; mientras que el parque del Montjuïc, inaugurado en la década de los sesenta, presentaba un elenco de atracciones más variadas e intensas, así como una amplia oferta de espectáculos (entre los cuales destacaron, en su momento, actuaciones de Manolo Escobar, Isabel Pantoja y Los Pecos).
La presencia de ambos parques en los dos montes más característicos de Barcelona -- ambos en situaciones privilegiadas por sus vistas y su cercanía a la ciudad -- permitían a los barceloneses gozar de una oferta variada y adaptada a todos los gustos: dudo mucho que los ciudadanos, en caso de ser consultados, habrían optado por tener menos opciones de ocio en vez de más.
Pero aquella fue, precisamente, la decisión tomada por el ayuntamiento de Barcelona.
II - El poder mete la mano
Llegado el año 1996, caducó la concesión de 30 años de los terrenos del parque de atracciones, pero seguía habiendo mucha ambigüedad en el aire: según afirma ésta noticia de El Mundo fechada a 15 de abril de 1996, el ayuntamiento tenía intención de renovar el parque, añadiendo instalaciones modernas y estudiando propuestas por varias "multinacionales del sector lúdico". Según vemos, ésta ambigüedad se mantuvo hasta el año 1998 (fecha del cierre definitivo) tal y como consta en ésta noticia de El Periódico del 9 de febrero de 1998: el alcalde Joan "no-se-duchen-para-ahorrar-agua-mientras-riego-todos-los-céspedes-de-Pedralbes" Clos seguía hablando de la posibilidad de renovar el parque, mientras que la propia concesionaria, tal y como nos indica la noticia, seguía dispuesta a llevar a cabo las renovaciones tras tres años de pleitos con el ayuntamiento.
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| El derribo del parque |
Seguir adelante era, pues, totalmente factible: no faltaban interesados en comprar o renovar el parque; pero, a aquellas alturas, la resignación se había apoderado de los dueños, que incluso habían dejado de renovarlo, por lo que el parque se estaba degradando. ¿Para qué, a fin de cuentas, si el poder implacable que se les oponía deseaba acabar con el parque a todo precio?
III - El negocio
Pero ¿por qué ésta obstinación a la hora de cerrar el parque? A fin de cuentas, incluso habían habido ofertas para la construcción de un parque Lego -- atracción turística dónde las haya -- que el ayuntamiento desestimó; tras caer en ruinas durante dos años, el parque fue barrido y reemplazado por los jardines Joan Brossa en el año 2000; todo rastro del mismo fue borrado.
En mi opinión, la respuesta hay que buscarla en la adquisición inminente del parque del Tibidabo por parte del ayuntamiento de Barcelona. Según vemos aquí, en circunstancias muy dudosas, la Seguridad Social embargó el parque a los dueños hasta entonces -- la sociedad Parque de Atracciones del Tibidabo SA -- para concederselo, en una subasta no se puede más sospechosa, al Ayuntamiento de Clos.
La noticia (fechada en 2009) también nos informa que los múltiples recursos presentados por Chupa Chups, que había comprado las instalaciones en la subasta de la Seguridad Social, consiguió ganar el recurso al Tribunal Supremo contra la decisión de la Seguridad Social, mientras que el ex-alcalde Hereu aseguraba que defendería la propiedad del parque "a capa y espada" (expresión que me evoca un Lagardère regordete y con ojillos porcinos).
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| Ruinas del parque, año 2000 |
En todo caso, podemos afirmar que es muy probable que el Ayuntamiento movió hilos para hacerse con el parque del Tibidabo a todo precio, a la manera de un buitre que sobrevuela su presa herida -- en éste caso, Patsa, la sociedad dueña del parque del Tibidabo -- y que es más que probable que, de paso, decidieran deshacerse de su futuro molesto competidor: el parque de atracciones de Montjuïc.
IV - El nuevo panorama
Inmediatamente, a la manera del Ministerio de la Verdad, los restos del parque de Montjuïc fueron "desaparecidos", convertidos en los jardines Joan Brossa. Uno debe realmente preguntarse si lo que necesitaba el Montjuïc era otro jardín. ¿Acaso no hay suficientes con los jardines Larribal, el jardín de las esculturas, los jardines de Mossèn Cinto Verdaguer, el antiguo jardín botánico, el nuevo jardín botánico, los jardines del Teatre Grec, los jardines de Joan Maragall, los jardines del Mirador del Migdia, y alguno más que seguro que me estoy perdiendo? Cada vez el Montjuïc tiene menos diversidad en la oferta de ocio, y parece haberse convertido en poco más que un gran circuito para autoescuelas con una docena de parques casi idénticos y algún museo (los que nos quedan). Propongo que se convierta el MNAC en jardín, así como el museo de arqueología y el de etnología; podríamos llamarlos los jardines Clos, Hereu y Trias, respectivamente. Así acabaríamos de rematar la oferta del Montjuïc.
Por otra parte, el mismo proceso parece estar teniendo (¡oh, ironías!) lugar en el desventurado parque del Tibidabo.
Conseguido su monopolio sobre los parques de atracciones, el Ayuntamiento se lanzó a intentar hacer del parque del Tibidabo algo que no era: un parque moderno. Así pues, se procedió al cierre de la clásica montaña rusa para la construcción de una nueva, aún a costas de eliminar una gran cantidad de árboles (lo que valió a nuestro amigo Hereu verse calificado de "fascista" y "ladrón"); o bien, de instalar, entre otras atracciones, el peligroso y faraónico pèndol (o pndl) que acabó sus días estrellándose contra el suelo, provocando una muerte.
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| El siniestro del Pèndol |
El accidente mortal del pèndol (que dejó medio destruida otra atracción) así como la retirada de varias atracciones clásicas (montaña rusa, Aladino...) no sólo ha causado grandes pérdidas al parque: ha propiciado la aparición de...
jardines. Faltos de ideas respecto a qué hacer con la zona siniestrada del Pèndol, se están instalando, tal y como nos asegura Avui, jardines; y lo mismo se piensa hacer, por otra parte, con la zona antaño ocupada por la montaña rusa.
Conclusión: Jardines, jardines, y más jardines...
A finales del siglo XIX, los jardines urbanos eran una novedad, un espacio verde en las ciudades que, por primera vez, permitía a los habitantes de las ciudades disponer de un sitio tranquilo, agradable, y alejado de lo gris y ruidoso de la urbe.
Hoy en día, en cambio, los jardines se han convertido en sepulturas que parecen indicarnos: "Aquí no se ha sabido qué hacer".
La genialidad de los barceloneses de antaño había consistido en tomar un espacio enorme e inútil y convertirlo en un recinto original y necesario: el Parc de la Ciutadella. La mediocridad de los alcaldes actuales consiste en emplear a los jardines, no cómo desarrollo positivo y original, sino como parche para tapar sus propias chapuzas.
¿Un accidente mortal en el parque del Tibidabo? Un jardín. ¿Se retira una atracción clásica? Otro jardín. ¿Se elimina todo un parque de atracciones? Un enorme jardín.
Entre tanto jardín, nos quedamos con la observación de las tristes consecuencias que acarrea unir el poder económico con el político: el negocio triunfa sobre el ocio, cuando los políticos estiman poder lucrarse.
Uno sólo puede esperar que, a no mucho tardar, podremos reemplazar a todos nuestros ministerios y sitios de gobierno, desde el Palacio de la Moncloa pasando por la Generalitat, con jardines. El mundo sería un lugar mucho mejor.
Quisiera agradecer a todos los miembros de la página http://www.achus.biz/ por la información, las fotografías, y por mantener vivo el recuerdo.





Oh, cielos. Cualquier fan de la serie de novelas "Canción de Hielo y Fuego" habrá pensado en Samwell Tarly, llamado Ser Cerdi, con esa precisa y muy certera descripción del ex-alcalde Hereu, que está para ponerlo debajo de un San Antonio Abad.
ResponderSuprimirSe me revuelven las tripas al recordar todo lo que se ha destrozado en esta ciudad. Qué gran parque aquel. Hoy en día, como bien dices, un jardín dedicado a Brossa, que irónicamente significa basura.
ResponderSuprimirGracias a ti por tus artículos.
No sabia nada de esto, impresionante.
ResponderSuprimirMuy buen artículo. Saludos