Antes de empezar, quisiera agradecer al Sr. Luis Elía, autor del presente blog, por invitarme a contribuir en la redacción del mismo, y por su acertada iniciativa de militancia en internet para salvar el museo de zoología de Barcelona, cuyo saqueo traslado fue ultimado hace poco, saldándose con varios centros de actividad cultural del centro clausurados, y con la apertura de un museo troglodita en la periferia, que se ha instalado en una de las abandonadas cuevas de hormigón del nefasto Fòrum de Barcelona. Y no puedo dejar de observar, en estos sucesos de actualidad, que existen numerosos paralelismos entre el actual cierre de los museos de zoología y Martorell (de geología), por una parte, y con el cierre del museo militar de Montjuïc, hace ya dos años; y quizá, si esto sirviera para hacerme empuñar el teclado, podría decirse ¡o felix culpa! de acontecimientos que son, por lo demás, trágicos.
I - El hombre que comía museos
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| El Sr. Hereu, saciada su hambre de museos. |
A luz de los acontecimientos presentes, parece ser que la imágen del ogro electoralista, enemigo de la cultura y capaz de destruir el patrimonio de su propia ciudad por unos cuantos votos que empezaba a perfilarse con el anuncio del cierre del museo militar de Monjuïc, a mediados del 2008 -- anuncio que daría lugar a una larga y lenta agonía que duraría hasta el 24 de mayo de 2009, fecha del cierre del mismo -- era extrañamente ajustada a la realidad.
De este detalle podemos derivar nuestra primera lección sobre la actualidad y el modus operandi de nuestra oligarquía político-autocrática -- aparte del hecho, desde luego curioso, que el museo de zoología cerrara sus puertas el 31 de mayo (¿será que mayo es un buen mes para destruir cultura?) -- puesto, que, efectivamente, se empezó a insinuar el cierre del museo de Zoología aproximadamente un año antes de que empezara el expolio de las colecciones del mismo, bajo la guisa de una inofensiva remodelación, con la consiguiente destrucción de materiales mientras los piratas de Hereu se llevaban el botín a cuestas. Se trata, por supuesto, de la segunda muerte, 148 años después, de la ballena que quedó varada en Llançà en el año 1862.
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| Imágenes del saqueo: llevándose una ballena... |
La lección es que la clase política nos comunica sus intenciones con un cierto plazo de antelación, pero que, pese a un burdo simulacro de transparencia y representatividad -- ignorándose los molestos sondeos contrarios a sus intenciones -- se lleva a cabo, al final, por artículo 33 si es necesario. El hecho de que los sondeos fueran contrarios a la destrucción de los museos tanto en el caso del museo militar como en el del de zoología no impidió a nuestra clase política para seguir arrollando a la voluntad popular, aprovechándose de nuestra ancestral mentalidad de siervo.
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| ... o un cañón |
II - Una ciudad, mutilada
A lo largo de mi vida, he visitado muchos museos militares; junto con los museos de la música y los buenos museos de arte, son de mis favoritos -- y ello, pese a que yo sea, por principios y por ideología, pacifista y opuesto al uso de la violencia (violencia que, por otra parte, se nos ejerce a diario -- siendo un ejemplo manifiesto de ello el cierre de nuestros museos por artículo 33, por supuesto). Y es que, además de lo hermoso de las piezas y lo interesante del contenido, los museos militares no suelen desprender un aura particularmente belicista -- al contrario, ver a las panoplias de los antiguos caballeros vacías, y a las armas, antaño temibles, inofensivas y obsoletas en sus escaparates de cristal, nos da perspectiva y nos las muestra tales y cómo son -- como objetos de épocas y sociedades ajenas a la nuestra.
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| Galería del antiguo museu militar de Montjuïc |
Y entre los museos militares que he visto, el museu militar de Montjuïc podía rivalizar, por lo hermoso de las instalaciones y de las colecciones, con el reciente museo que se inauguró (previa expulsión de la ciudad de Madrid y largo periodo en el limbo...) en Toledo, con el recientemente remodelado musée de l'armée de París, o del anticuado pero muy bonito museu militar de Lisboa.
El caso no es tan diferente, una vez más, del de nuestro querido difunto museo de zoología, al que se había comparado, por su encanto y situación, al museo de zoología, de mayor tamaño, que hay en Londres; ¿acaso no sería de esperar que un alcalde que proclama con hipocresía que le gusta Barcelona cuidase de unos museos que se comparan tan favorablemente a los de tan grandes capitales como Londres, París o Lisboa? De una ciudad que disponía de tan hermosos museos y, en un plazo de dos años, los ha perdido, sólo puede decirse que ha quedado mutilada en el plano cultural.
III - El poder sigue su camino
La disonancia cognitiva que debió engendrar el hecho de, por una parte, devastar el patrimonio cultural de una ciudad -- cargarse tres museos en dos años es un récord que sólo deben haber igualado Gengis Kan o Napoleón -- y, por otra, de afirmar su supuesto amor hacia la ciudad, llevó al pobre Hereu a ejecutar toda suerte de malabarismos mentales a la hora de justificar sus aventuras culturicidas. Así pues, empezó por aseverar que el museo estaba mal organizado y que, por lo tanto, carecía de valor; pero, por supuesto, no tardó en llegar la evidente e inevitable objeción: si el museo estaba mal organizado, la solución era, simplemente, proceder a una labor de remodelación para adecuarlo a los criterios de la museística actual; a fin de cuentas, las 7000 piezas del museo -- hoy en día dispersas o en almacenes, cogiendo polvo -- podían verse enfocadas desde una perspectiva moderna; hubiera sido una tarea rápida, fácil, y muy positiva; pero no era conforme a las verdaderas intenciones del Hombre Que Comía Museos, que eran, simplemente, de acabar con un museo menos, y no con un museo renovado.
Así pues, abatido el argumento de la calidad del museo, el HQCM sacó -- y perdonen las expresiones de origen militar -- la artillería pesada; hizo cargar la guardia; la lucha había llegado a los triarios. Había llegado la hora de lanzar la bomba sucia del debate político en España y Catalunya: el fascismo.
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| La polémica estatua |
Así pues, vimos brotar, por doquier en los medios de comunicación, referencias al hecho de que el museo fue creado por Franco (lo que no deja de ser cierto), y al hecho de que existía, en el interior del museo, un bronce ecuestre de "su excelencia" (y disculpen si me entra la risa floja al recordar escenas de la película Espérame en el Cielo); así pues, el museo era descrito como el "legado fascista" de la ciudad. Arrojado, pues, el barro, se cambiaron las tornas: los defensores del museo pasaban a ser casposos defensores del nefasto régimen franquista y de sus pervivencias.
Por supuesto, cabe hacer un par de apuntes sobre los detalles anteriores: en primer lugar, el hecho de que Franco hubiera ordenado crear el museo no implica que éste esté fundamentalmente impregnado de franquismo -- puesto que los museos militares de otros países están exentos de connotaciones fascistas y fascistoides, e incluso, en el museu militar de Lisboa, hay una sala conmovedora que recuerda la absurdidad de las atroces guerras coloniales de la dictadura de Salazar; asimismo, el nuevo museo militar inaugurado en Toledo tiene un enfoque muy moderno, que, lejos de glorificar al conflicto bélico, pretende educar. Un museo tiene el enfoque que uno decide darle; y, si el Sr. Hereu consideraba que había alguna pervivencia del franquismo en el museo, una remodelación habría permitido acabar con ellas y darle un enfoque enteramente nuevo.
Y, por otra parte, el bronce ecuestre del infame dictador no fue colocado allí por mandato del propio Franco, sino que fue hecho por la ciudad de Barcelona como regalo al tirano. Hum. Son trapos sucios que, desde luego, dejan en entredicho la autoridad moral de la ciudad sobre éste asunto, al ser la propia ciudad la autora del broncíneo homenaje al militarote golpista... y, asimismo, no veo cual sería el inconveniente de deshacerse de la estatua en el contexto de la nueva remodelación. Dado su escaso valor artístico, hasta podrían fundirla y hacerla monedas de a céntimo...
IV - El triunfo de Hereu
Cuando, por fin, se cerró el museo, Hereu asistió a un triunfo en el cual, haciéndose acompañar por el popular cantante Raimon, convidó a los barceloneses a celebrar el cierre de un museo de su ciudad. Una vez más, encontramos paralelismos, en la inmensa ansia de protagonismo de Hereu y los actos de inauguración de su caverna de los ladrones, el Museu Blau, en el cual ha atesorado el botín que expolió del museo de zoología y del museo Martorell.
El poder marcaba su triunfo, desplegando medios financiados por el dinero de los contribuyentes para hacerles alegrarse, aunque fuera por un sólo día, del ejercicio de la violencia que se había llevado a cabo; y, tras ello, se procedió al cierre del museo, cuyas colecciones siguen teniendo un futuro tan incierto hoy como hace dos años.
En su lugar, Hereu decidió crear un "centro para la paz" -- lo que no deja de ser un nombre muy hermoso para una institución de fines muy poco claros, y, desde luego, que no aporta absolutamente nada a la vida cultural de la ciudad. El pueblo de Barcelona había perdido un museo, una actividad de fin de semana, una excursión al Montjuïc, y Hereu había ganado una pequeña y muy dudosa victoria. De la transformación del museo en "centro para la paz", también podemos observar un paralelismo hoy en día: el hecho de que el hermoso Castell dels Tres Dragons, que antaño era accesible al público, ahora se ha convertido en un edificio aislado al que sólo podrán acceder unos cuantos, y para fines de dudosa utilidad. El Parc de la Ciutadella se ha vuelto más pequeño, gracias a nuestro alcalde.
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| Francesc de Paula Rius i Taulet, cuatro veces alcalde de Barcelona entre 1858 y 1889, y artífice de la exposición universal de 1888. |
En el epílogo del triple triunfo de Hereu, a veces me detengo para contemplar las luces y sombras de ésta ciudad; pienso en los valientes soldados republicanos que lucharon contra el invasor fascista desde el Castell de Montjuïc durante la guerra civil, hasta que, incapaces de defenderlo, volaron el polvorín; y pienso en los cobardes colaboradores que regalaron la estatua ecuestre a Franco para congraciarse con el tirano.
Y, asimismo, pienso en aquel gran alcalde de Barcelona, Francesc de Paula Rius i Taulet, que hizo lo imposible para desarrollar la ciudad y que nos dejó, entre muchos otros edificios, el Castell dels Tres Dragons -- hasta hace poco, el museo de zoología -- y pienso en el pequeño y mezquino alcalde Jordi Hereu, que, 120 años después, sólamente supo destruir lo que los demás habían creado.







Estoy totalmente de acuerdo. El cierre del museo militar (y de los otros) es un saqueo al patrimonio de la ciudad y una verdadera afrenta a la conservación de la cultura material (sea ésta de tipo militar o no).
ResponderSuprimirJordi Hereu es un pequeño hombre. Un pequeño hombre miope.
Hoy he subido al Castillo que hacía las delicias de mi infancia y que siempre había conservado el aire de fortaleza y su encanto particular. El proceso de desnaturalización ya comienza a ser evidente y se intuye la transformación en decorado. Paso por alto el asalto de las masas, pero lo mejor es el chiringuito, con esas falsas sombrillas tropicales como si se estuviera en un hotel barato de Copacabana, naturalmente con la música disco a todo volumen. Estamos ante alta cultura. La cultura militar de este país es equivalente a la de un enano mental y por eso el museo siempre estaba vacío. Algunos pacifistas redomados lo echaremos de menos. Siempre he estado convencido de que en "aquest país tan petit" se odia la cultura, la de verdad.
ResponderSuprimirDiderot